En cuanto a la figura del bibliotecario el cine, en la mayoría de los casos, nos propone personajes comunes que se comportan normalmente, mientras en el recuerdo colectivo de los espectadores el que queda impreso es el estereotipo de un bibliotecario poco común.
El prototipo de los estereotipos es sin duda alguna la mujer que el ángel custodio muestra al protagonista George (James Stewart) en Una vida maravillosa (It’s a Wonderful Life) de Frank Capra (1946) cuando, para disuadirlo del suicidio, le enseña como hubiera estado su país si él no hubiera nacido. Así, entre las cosas negativas, le muestra a su esposa transformada en una anciana bibliotecaria vestida modestamente, infeliz, fea, apagada, con sus anteojos, mientras sale de la biblioteca de Pottersville con algunos libros bajo el brazo, en una brumosa noche otoñal y va a sentarse, sola, sobre una banca de los jardines públicos. Una mujer que es el opuesto a la simpática y alegre esposa y madre de familia que es su real esposa (interpretada por la bellísima Donna Reed). Es probable que, por el gran éxito obtenido por este filme, se ha dado cuerpo al estereotipo de bibliotecaria solterona, que el cine no puede quitarse de encima.
Sin embargo, si recorremos la historia del cine, encontramos bellas actrices que interpretan el rol de la bibliotecaria. Así es, por ejemplo, la espléndida Carol Lombard en No Man of Her Own de Wesley Ruggles (1932), mientras en FBI contra el imperio del crimen (FBI Story) de Mervyn LeRoi (1959) Vera Miles es la atractiva bibliotecaria que Bass James Stewart, protegía de los anaqueles.
Para los bibliotecarios hombres, las imágenes que se ofrecen son quizás menos edificantes en su estereotipo. Entre ellos, el 20% son asesinos, desviados sexuales, deprimidos y alcohólicos. De todos modos es interesante notar que esta tipología de bibliotecarios desviados no pertenece a la cinematografía estadounidense, en cuya tradición siempre está presente la biblioteca pública, que ha significado el espíritu laico de la biblioteca como servicio básico, que pertenece a las cosas de la vida cotidiana. En Europa, en cambio, la biblioteca tiene sus raíces en los conventos y en las cortes de los príncipes del renacimiento. Bibliotecas protegidas, en ese entonces por la iglesia y por el soberano. Solo en el siglo XIX la biblioteca se presenta en Europa, como pública y autónoma, pero todavía no puede salir por completo de la actitud mental de un servicio ligado - y de alguna manera sometido - al poder. Así el bibliotecario en la consideración común aún no ha adquirido un peso específico en nuestra sociedad del viejo continente, al contrario de lo que sucede en Estados Unidos, donde ser bibliotecario es un trabajo similar a muchos otros trabajos.
Todo esto no se escapa del cine que muestra, en las películas europeas, situaciones absolutamente horripilantes ligadas a la figura del bibliotecario. Recordemos las que se ambientan alrededor del personaje de Rémy Callios, que en el filme francés Los ríos de color púrpura (Les riviéres pourpres) de Mathieu Kassovitz (2000). En este film se encarna un bibliotecario desviado que transforma la biblioteca de la universidad de un país alpino, en un laboratorio de genética asignando a los estudiantes los puestos de lectura de manera que se conozcan y después se casen. Anteriormente su padre, también bibliotecario, había iniciado esta actividad de mejoramiento de la raza participando en un proyecto secreto que inducía los cambios, en la sala de parto del hospital, intercambiando neonatos de montañeros (fuertes) con los de profesores (débiles). En el filme, Rémy aparece muerto, desnudo, torturado, extendido sobre la mesa del instituto de medicina legal.
En otro filme francés, Su última noche (Leur dernière nuit) de George Lacombe (1953) el director de una biblioteca pública de París, interpretado por Jean Gabin, hombre estimado de día, de noche se transforma en el jefe de una banda de criminales. Entre los bibliotecarios ingleses encontramos un espía y un asesino, el primero interpretado por Richard Burton en El espia que venía del frio (The Spy Who Came in from the Cold) de Martin Ritt (1965) y el otro, es un bibliotecario asesino, solitario y discapacitado que en el filme la Historia del Corazón (The Tell -Tale Heart) de Ernest Morris (1960), enamorado de la bella vecina del frente que ama a su amigo, lo mata y lo entierra en el jardín. Entre los daneses encontramos un bibliotecario alcohólico en el filme Forbrydelsen element de Lars Von Traer (1984), mientras entre los italo -franceses, se encuentra el famoso viejo fraile Jorge de Burgos, personaje nacido de la fantasia de Humberto Eco, que en El nombre de la Rosa (Il nome della rosa) de Jean -Jacques Annaud (1986) mata a sus compañeros para que no revelen el contenido de un texto que podría afectar la fe cristiana, después da fuego a la biblioteca del convento benedictino.

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